2023 01 Ajedrez 1

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El poder según Benedicto XVI

Leí a Benedicto por primera vez en el año 2007 durante una corta estadía por trabajo en Italia. Con el objetivo de mejorar mi manejo de la lengua italiana compré la traducción al italiano del su entonces recientemente publicado libro Gesú di Nazaret (Ratzinger, J.; Jesús de Nazaret). A esas alturas ya había leído tanto la Vida de Cristo de Fulton Sheen como también El Señor de Romano Guardini. Para mi grata sorpresa encontré en el libro Jesús de Nazaret un mensaje original, no por no estar alineado doctrinalmente con las vidas de Cristo previamente mencionadas y con la Tradición de la iglesia, sino porque encontré que el libro de Benedicto le hablaba a nuestro tiempo de una manera eficaz y relevante. La parte del libro que más me impactó en este sentido fue la presentación de las tentaciones de Cristo en el desierto. La presentación y el análisis que hace Ratzinger de dichas tentaciones le aportó mayor claridad y profundidad a mi entendimiento de Cristo en cuanto Mesías y Salvador del mundo. Para ilustrar a lo que me refiero, presentaré aquí las reflexiones de Benedicto sobre la tercera tentación de Cristo siguiendo el orden de las tentaciones presentado en Mateo 4:1-11. En la última tentación de Jesús en el desierto, Satanás le muestra a Cristo en una visión todos los reinos de la tierra y su esplendor y le ofrece el dominio mundial a cambio de postrarse frente a él y adorarlo. ¿De qué se trata esta tentación y de qué manera es relevante para el mundo de hoy?

Benedicto explica que esta tentación contrapone el reino de Dios a los reinos de este mundo. La alternativa que se presenta aquí, explica Benedicto, es entre el reinado del siervo sufriente, a quien Dios ha dado todo poder en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18) y el de los poderosos de este mundo, es decir, un reinado político. Benedicto explica luego que esta alternativa que Satanás presenta a Jesús es la misma que Pilato ofreció al pueblo de Israel cuando les dio a elegir entre Barrabás y Jesús, es decir, entre un mesías que buscaba resolver los problemas temporales mediante la fuerza y Jesús, cuyo reino no es de este mundo y quien anuncia el camino de la liberación como un perderse a uno mismo siguiendo su ejemplo: el camino de la Cruz. Lo que nos explica aquí el papa es acorde  a lo que enseña la tradición de la Iglesia. Podemos citar brevemente y a modo de ejemplo la Encíclica Quas Primas refiriéndose al reinado de Cristo:

Este reino únicamente se opone al reino de Satanás y a la potestad de las tinieblas; (Quas Primas, 14). Queda claro también en esta cita que existe una contraposición irreconciliable entre el reino de Dios y los dominios de Satanás.

Benedicto nos muestra que esta tentación en el fondo busca politizar la misión de Cristo y de la Iglesia y nos recuerda también que la misma se ha presentado de distintas formas a lo largo de la historia y nos indica de qué manera concreta esta tentación se nos presenta en nuestros tiempos: “… interpretar el cristianismo como una receta para el progreso y reconocer el bien común como el verdadero objetivo de toda religión, incluso de la cristiana, ésta es la nueva forma de esta tentación”(Ratzinger, J.;Jesús de Nazaret). Es decir, la tercera tentación consistiría en despojar a lo religioso de su dimensión trascendente y no solo reducirlo a un actor más de este mundo sino también supeditarlo al progreso material del mismo.

De esta manera Benedicto prosigue: “la tercera tentación de Jesús se revela de este modo como aquella fundamental -le concierne la pregunta sobre qué debe hacer el salvador del mundo” (Ratzinger, J.;Jesús de Nazaret). Dicha pregunta puede formularse también de esta forma: “No debería ser justamente El (Cristo) el rey del mundo quien una toda la tierra en un gran reino de paz y bienestar?”(Ratzinger, J.; Jesús de Nazaret).

Es decir, a la búsqueda de mayor bienestar y comodidad en este mundo como fuentes últimas de nuestra felicidad y plenitud, Cristo nos ofrece en contraposición el camino de la Cruz.

Vale decir, ¿no debería el Mesías ser el mejor funcionario público de toda la historia? ¿Y no debería la Iglesia ser el soporte de su visión política a lo largo de la historia? En un mundo donde la aspiración y la promesa de sistemas políticos que aseguran por sí mismos el paraíso en la tierra, la tentación de reducir y supeditar todo a la edificación de dicho paraíso terrenal nos acecha y nos interpela constantemente. De hecho, muchos hombres, desconfiando del mensaje de salvación de Cristo, buscan otros consoladores y se apoyan y ponen sus esperanzas en teorías políticas e ideológicas que ofrecen consuelos terrenos cuando la vida prueba ser un valle de lágrimas. Frente a esta tentación Benedicto nos recuerda: “El Señor explica inmediatamente que el concepto de Mesías debe comprenderse a partir del mensaje profético en su totalidad: no significa poder mundano sino la Cruz y la comunidad completamente distinta que nace a través de la cruz”(Ratzinger, J.;Jesús de Nazaret). Es decir, a la búsqueda de mayor bienestar y comodidad en este mundo como fuentes últimas de nuestra felicidad y plenitud, Cristo nos ofrece en contraposición el camino de la Cruz. Es una gran contraposición. Ratzinger señala aquí, en armonía con las enseñanzas de la Iglesia, que  “el reinado de Cristo es principalmente espiritual y se refiere a las cosas espirituales” (Quas Primas, 14). Ahora bien, ¿que el reinado sea espiritual significa que excluye el orden temporal y humano?  Porque ¿qué tiene de malo aspirar al bienestar y a que todos seamos felices? ¿Qué puede ser más importante en esta vida que luchar por la felicidad de todos en esta tierra? Siguiendo esta línea de cuestionamientos, nos podemos animar a hacernos la misma pregunta que Benedicto nos presenta en su libro: “Pero ¿qué cosa ha aportado Jesús en realidad, si no ha traído la paz del mundo, el bienestar para todos, un mundo mejor? ¿Qué cosa ha traído?” (Ratzinger, J.;Jesús de Nazaret). Escuchemos su respuesta: “La respuesta es simple: Dios. ¡Ha traído a Dios! … Jesús ha traído a Dios y con Él la verdad sobre nuestro destino y nuestra proveniencia; la fe, la esperanza y el amor. … Solo nuestra dureza de corazón nos hace pensar que esto sea poco” (Ratzinger, J.; Jesús de Nazaret). En otras palabras, Cristo es la fuente de todo bien, sólo en Él debemos buscar la salvación y felicidad (Cf. Quas Primas, 16)  Esto es importante porque si entendemos que Dios nos ama y que venimos de Él y hacia Él vamos, comprendemos que estamos hechos para mucho más que comodidad y ausencia de conflictos. Estamos hechos para Dios y solamente en Él nuestro corazón encontrará la felicidad que tanto anhela. Bajo esta perspectiva nos damos cuenta de que entender y afrontar la realidad a través de una lente puramente materialista nos pone en seria desventaja en cuanto a alcanzar no solo nuestra felicidad personal sino también el bien común. O en palabras de Benedicto: “En este mundo debemos oponernos a las ilusiones de falsas filosofías y reconocer que no vivimos solamente de pan, sino sobre todo de la obediencia a la palabra de Dios. Y solamente donde se vive esta obediencia nacen y crecen aquellos sentimientos que permiten procurar también pan para todos”(Ratzinger, J.;Jesús de Nazaret). Esto que explica Benedicto aquí es clave: si reducimos al hombre meramente a su dimensión material e ignoramos su dimensión espiritual los deseos que tenemos de hacer del mundo un lugar mejor no encontraran su apropiado canal de realización. Podemos comprender entonces que las cosmovisiones materialistas del hombre y los proyectos derivados de las mismas están intrínsecamente destinados al fracaso, a pesar de lo encantadoras e inspiradoras que sean sus promesas. Es más, lo que expresa Benedicto nos ayuda a comprender que sería errado afirmar que no compete a Cristo el reinado sobre sus creaturas, a pesar de que su reinado no sea de orden político. Como nos enseñan las escrituras Él es “Rey de Reyes y Señor de Señores” (Ap. 19,16) y a su nombre toda rodilla se dobla, en el cielo, en la tierra y en los abismos (Flp. 2, 10).

En resumen, Benedicto desarrolla magistralmente en su libro Jesús de Nazaret el significado y los alcances de la última tentación de Cristo en el desierto y de qué manera específica se nos presenta también a nosotros en nuestro tiempo. Como contraparte nos ofrece también la clave para no caer en el engaño y comprender que sólo tomando nuestra Cruz y siguiendo a Cristo encontraremos no solamente nuestra salvación eterna para la vida futura sino también una vida más plena para todos en esta tierra.

María Eugenia Lascano

Máster en Teología

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