2025 09 15 elecciones 1

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Una deliberación para votar en conciencia

Se van haciendo cada vez más próximas las elecciones en Chile y el ambiente en los votantes católicos, me parece, no termina de tomar una dirección clara. En sus conversaciones ―o dicho de otra manera, en conversaciones de aquellos que centran la decisión de su voto en el deber y necesidad de votar de acuerdo a su fe― será común escuchar frases tales como: “Hay que votar sí o sí por el candidato de oposición que pase a segunda vuelta”, o, por otro lado, “no se puede votar por candidatos que hayan dejado en segundo plano los temas valóricos”.

En ambas encontramos ciertas ideas que suelen estar presentes. Por un lado, en la primera frase se constata esa aparente necesidad absoluta de evitar que un candidato de los partidos considerados de izquierda llegue al gobierno. Por otro lado, la segunda frase nos refiere a temas de moralidad pública. El cristiano no debe transar cuando se trata de bienes innegociables, o, al menos, no debería hacerlo.

¿hay un “deber” de votar por algún candidato específico? Si es así, ¿cuál es ese candidato? Y si no existe dicho deber, ¿existe un deber de no votar por ciertos candidatos?, ¿cuáles son las opciones legítimas?

En este contexto, ¿por quién se debe votar? No se pretende en estas líneas dar una respuesta cabal a cada una de las discusiones morales que pueden surgir al momento de definir el voto. En cambio, sí se pretende exponer el problema y dar algunas ideas generales que puedan ayudar (o no) a encontrar respuestas.

Podrá notarse que la pregunta “¿por quién debiese votar un cristiano?” lleva en sí un juicio que puede ser legítimamente cuestionado: ¿hay un “deber” de votar por algún candidato específico? Si es así, ¿cuál es ese candidato? Y si no existe dicho deber, ¿existe un deber de no votar por ciertos candidatos?, ¿cuáles son las opciones legítimas? 

Preliminarmente, es fundamental aclarar que el católico, en cuanto tal, no es, en palabras de Francisco Canals “ni de derecha ni de izquierda, ni ‘ni de derecha ni de izquierda’” (Canals, F.; “Monismo y pluralismo en la vida social”). Es decir, ser católico no nos identifica necesariamente con un sector político. El católico debe votar acorde a los principios que enseña la Santa Madre Iglesia, en concordancia con la Revelación y atento a no realizar una colaboración formal y activa con el mal.

Así, surgen preguntas sobre las cuales, al menos aparentemente, no parecen existir respuestas claras. Por ejemplo, votar por el candidato “menos malo”, ¿es la aplicación correcta del principio del mal menor? ¿Cómo se aplica este principio en la definición del voto? Al respecto, hace algunos años José Luis Widow escribió una columna en la cual profundiza sobre este tema, en el contexto de las elecciones del año 2009 en que el otrora candidato de la derecha, Sebastián Piñera, había realizado declaraciones a favor de la llamada “píldora del día después”. Esto generó un debate en los votantes católicos: ¿es lícito votar por un candidato que se pronuncie a favor de algo inmoral? En definitiva, el profesor Widow plantea que “elegir el mal menor es legítimo cuando la elección no implica apoyar un mal grave”. 

La pregunta sobre el mal menor es de gran importancia en el contexto chileno actual. Considerando, por ejemplo, que la candidata de ChileVamos se ha manifestado a favor de la ley de despenalización del aborto en 3 causales ¿es lícito, moralmente, votar por ella? Dejo abierta la pregunta a la reflexión del lector. ¿Es lícito dar el voto a quien se manifiesta a favor de algo inmoral? Existe especial dificultad en la respuesta cuando dicha cuestión inmoral es algo ya vigente en nuestra legislación, por lo que la pregunta podría ser ¿es lícito votar por quien no busque derogar las leyes contrarias a los principios cristianos? Y luego, qué pasa con aquellos que han guardado silencio respecto de estos temas, ¿se les debe exigir garantías?

Se cree que elegir presidente es elegir un “gerente general” y que Chile es solo una empresa. Este razonamiento hace pasar por alto la posible colaboración al mal que se realice votando por un candidato que sea un buen administrador pero cuyas propuestas o agenda política contravengan nuestra fe.

Los mal llamados “temas valóricos” suelen (o deberían) ser fundamentales para el votante católico al momento de elegir candidato. Sin embargo, hay quienes observan esos temas como algo propio del Congreso. Argumentan que el Presidente es, en lo esencial, un administrador de la administración (valga la redundancia). Por esta razón, es de algún modo poco importante su posición en temas valóricos y se debe votar de acuerdo con criterios “técnicos” o de capacidad. Se cree que elegir presidente es elegir un “gerente general” y que Chile es solo una empresa. Este razonamiento hace pasar por alto la posible colaboración al mal que se realice votando por un candidato que sea un buen administrador pero cuyas propuestas o agenda política contravengan nuestra fe.

Habrá quienes definan sus preferencias de acuerdo con el criterio: “la política es el arte de lo posible”. Se argumenta que la política es de pequeñas victorias e, incluso, de impedir el “avance” de las agendas ideológicas contrarias a la fe. En esto, parece absolutamente legítimo el voto por aquél que propone “cosas menos malas” o “menos cosas malas”. Por ejemplo, si un candidato promete ley de aborto libre y ley de eutanasia, y otro candidato propone solo ley de eutanasia, entonces, bajo la directriz del “arte de lo posible”, aparece como absolutamente legítimo y correcto moralmente votar por quien solo promoverá la ley de eutanasia. De esto, surge la pregunta sobre la colaboración al mal (nuevamente, recomiendo la lectura de la columna del profesor Jose Luis Widow al que se hizo referencia más arriba).

También, fuerte discusión podrá formarse entre quienes consideran legítimo el voto nulo y los que, por el contrario, entienden que anular el voto o dejar el voto en blanco no es cumplir correctamente con el deber cívico e incluso es favorecer a los candidatos que promueven ideas directamente anticristianas. Votar nulo, dirán los primeros, es expresar en mi voto que ningún candidato me representa totalmente. Probablemente defenderán que votar por el “mal menor” nunca puede significar votar por quien se ha pronunciado a favor de un mal moral. Los segundos, por el contrario, extienden la doctrina del mal menor a lo “menos malo”, donde todo queda legitimado.

En medio de estas interrogantes, sin embargo, no se debe olvidar que somos ciudadanos del cielo y que este mundo es, como dice el salmo, un “valle de lágrimas”.

Lejos de pretender resolver estas cuestiones, hago un llamado al lector a reflexionar: si se es realmente católico o cristiano ¿por quién se debe votar? La respuesta no parece sencilla, al menos respecto de aquél que tenga una pretensión seria de no actuar inmoralmente y de no colaborar con el mal. Votar por uno u otro candidato no es un acto exento de consideración moral.

En medio de estas interrogantes, sin embargo, no se debe olvidar que somos ciudadanos del cielo y que este mundo es, como dice el salmo, un “valle de lágrimas”. Y luego continúa “mejor es un día en tus atrios, que mil fuera de ellos” (Salmo 84). Esto no significa vivir en indiferencia o desconectado de lo que acontece en nuestro país pero sí nos recuerda que nuestra verdadera esperanza no está en uno u otro candidato: está en Cristo Resucitado. 

Autor: Domingo Ibarra Infante

Abogado del Área Judicial de Comunidad y Justicia

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