2023 09 constitucion

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Aborto: hay que volver a dar la pelea

Hemos vuelto a hablar de aborto, algo, un poco. El tira y afloja constitucional puso nuevamente en la palestra este asunto, pero ahora con una diferente y triste perspectiva. Ya no es el mal gravísimo y vergonzante que se debe denunciar, evitar y erradicar. No. Hoy es el paradigma intocable de la legitimidad y factibilidad de un proceso parido en la violencia, validado en el fraude y sustentado en la tibieza. Pero aquí estamos. Y así estamos: prontos a quemar las naves por la propiedad de los fondos de pensiones a la vez que incapaces de remar dos metros contra la corriente de la sangre inocente y el clamor de la madre abandonada a su solitaria desesperación.

La legitimación cultural de “las tres causales” es prueba viva de la fuerza docente de la ley que, en este caso, opera como astuta persuasión que corrompe la conciencia con el mentiroso discursillo de los derechos de las mujeres y el inaceptable retroceso que, dicen, implicaría para la mitad del padrón electoral cualquier restricción a su conquista civilizatoria (por el que una vociferante mujer, haciendo gala de sororidad y oportunismo, no estaría dispuesta a arriesgar su capital político). Dichos talismanes disfrazan la primacía de la lógica electoral de unos cuantos ambiciosos e imponen la mordaza a otros tantos que, con buena fe y patriotismo, quieren cerrar la puerta al siguiente intento, al menos por un tiempo. Unos y otros estiman que desafiar las tres causales pone en jaque el tinglado. Mejor callar y, tal vez, in extremis, machacar tácticamente que todo queda igual. Pero no es así.

Hemos pecado de omisión, hace rato, retrocediendo, arrugando, de mal menor en mal menor.

Lo que venga a futuro es incierto. Pero el presente es conocido: se canonizaron las tres causales. Quien ose combatirlas en público, sea anatema. Podemos cuestionar todo el orden jurídico vigente, para bien o para mal, para dejar o cambiar, salvo la ley inicua que está fuera del comercio democrático. Curiosa aberración esta base del derecho y la justicia que bien vale una Misa: la dignidad de todo ser humano condicionada a la indisponibilidad de las tres causales. Liberales de izquierda y de derecha unidos en la noble causa de no retroceder un milímetro en la desprotección constitucional de la vida de quien no ha nacido, jugando tomaditos de la mano en la cancha y con las reglas impuestas por los de un solo lado. Tenía razón Santo Tomás: los tontos somos legión.

¿Cómo llegamos a esta absurda transacción? Ensayo una lectura, citando a Mansuy: nos fuimos quedando en silencio. Hemos pecado de omisión, hace rato, retrocediendo, arrugando, de mal menor en mal menor, haciendo desaparecer nuestras banderas del campo de batalla cultural y espiritual, acomodándonos frente a un mal que no da ni dará tregua, jamás.

Nunca más hablamos de aborto, ni siquiera lo hacemos hoy. Hablamos de las “tres causales”, de la “IVE” (¿ignorancia vencible extrema?) sustituyendo así la especie por las circunstancias, el acto por el contexto, el horror por el “derecho”, la masacre de niños inocentes por la asepsia numérica de las estadísticas, concediendo algo más que el lenguaje. Dramático. Con suerte conmemoramos el 25 de marzo y escribimos una columna cada 23 de septiembre. ¡Patético!

Es tiempo de despertar del sueño, insistir a tiempo y destiempo, pelear el buen combate. El mal del aborto es intolerable.

Nos tienen contra las cuerdas porque tiramos la toalla. El mal avanza cuando el bien retrocede. Estamos perdiendo por retiro justificando nuestra ausencia por no perder un plebiscito, pagando con 30 monedas de plata el precio de hacer un rodeo y dejar la materia de mayor trascendencia para más adelante. Nuestra convicción sobre la primacía de la dignidad personal es de cartón. No confundamos indiferencia burguesa-silencio estratégico-resignación pusilánime-maquiavelismo presidencial-malminorismo imprudente-neutralidad imposible-pragmatismo cortoplacista (cual más, cual menos, y según como aplique, o no, al caso particular) con amistad cívica. Al respecto, bien nos haría recordar a Chesterton: cada persona “es la imagen humana y sagrada; a su alrededor, la trama social debe oscilar, romperse y caer; los pilares de la sociedad vacilarán y los tejados más antiguos se desplomarán, pero no habrá de dañarse ni un pelo de su cabeza”.

Necesitamos un San Pablo. Es tiempo de despertar del sueño, insistir a tiempo y destiempo, pelear el buen combate. El mal del aborto es intolerable. El falso dilema del precio de su defensa es pan para hoy y hambre mortal para mañana. No podemos ni debemos convivir pacíficamente con el genocidio más grave de la historia. Hay niños que salvar y madres que socorrer. Y cada uno de ellos vale toda la Sangre de Cristo Crucificado. Lo que hagamos o dejemos de hacer por esos más pequeños tendrá, nos guste o disguste, consecuencias eternas.

Autor: Álvaro Ferrer

Editor Senior Revista Suroeste

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