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“No hay que perder nunca el objetivo: (…) evitar que se imponga esta agenda que instala una cultura que destruye la dignidad humana”

Marcela Errecalde es una activista argentina. Es profesora de Ciencias Sociales, con especialización en Arte e Historia Contemporánea. Diploma en Derechos Humanos. Ha coordinado la formación de la Fundación Arché. Actualmente es vocera de la Ola Celeste Latinoamérica (Movimiento Salvemos las 2 Vidas).

Vicente Hargous: Marcela, en primer lugar te agradezco tu disposición para que te entrevistemos.

Como sabes, Latinoamérica pasa por un momento difícil en la lucha de la defensa por la vida. Vemos que la marea verde ha avanzado muchísimo en pocos años, y apenas se ve resistencia. En Chile estuvimos a punto de tener aborto libre ―sin plazos ni causales―, por la propuesta de nueva Constitución; en Argentina, donde la batalla fue realmente épica, se aprobó el aborto sin límite de tiempo en algunas causales y libre hasta las 14 semanas de gestación; en Colombia la Corte Constitucional también lo introdujo… Todo esto sin mencionar el trabajo que ha realizado la Corte Interamericana en la misma línea. ¿Qué opinión tienes acerca de este proceso? ¿Piensas que el pueblo hispanoamericano profundo es proaborto?

Marcela Errecalde: Es muy interesante tu pregunta porque vincula justamente la labor de muchos años por parte de activistas de la agenda proaborto y sus logros obtenidos en las áreas neurálgicas del funcionamiento democrático, como son los poderes del Estado, la comunicación social y el sistema educativo. Me explico mejor: en los ’70 cuando comenzó la ola de activismo por aborto legal en los países centrales a partir de sentencias como la de Roe v Wade o la ley Veil de aborto en Francia, por citar ejemplos, el movimiento feminista había logrado ―desde una posición muy marginal― pasar de una agenda de derechos civiles a otra de nuevos “derechos reproductivos” con muy poca adherencia en otros ámbitos fuera del universitario, partidos de izquierda y entre algunos intelectuales, en general de izquierda. No había capilaridad en la sociedad para obtener una mirada amigable a tales proyectos, a pesar de integrar la agenda feminista desde sus inicios.

El caso Roe v Wade fue un ejemplo paradigmático de leader case para imponer una agenda y perpetuar un sistema que luego se tornó repetitivo y que se denomina activismo judicial. Durante años grupos de activistas proaborto presentaron casos en la Corte de Argentina, por ejemplo, para lograr avanzar hacia el aborto libre. Nosotros tenemos el vergonzoso fallo F.A.L. del año 2012, que fue un augurio de la ley de aborto: desde aquel fallo se impuso a todas asambleas provinciales la obligación de legislar protocolos de aborto no punible. Cualquier espectador externo ve la superposición de poderes, pero la respuesta por parte de los jueces siempre fue la de “necesitamos una ley para no tener que legislar desde sentencias de la Corte”. Avanzaron en varios países últimamente gracias a este sistema: Colombia y Ecuador recientemente. Y en Ecuador recordemos que en 2019 se rechazó dentro de la Asamblea la despenalización del aborto por violación, y sin embargo la Corte sentenció a favor y exigió la aplicación de la sentencia a través de protocolos de aborto no punible en 2022.

En el recorrido histórico del activismo por el aborto recordemos que los Congresos de algunos de nuestros países receptaban proyectos de ley para la despenalización del aborto sin darle tratamiento (a excepción de Brasil por promoción directa del ex presidente Lula da Silva en 2008 y Uruguay con la aprobación de la legalización del aborto en 2012). Sin embargo no había llegada a la gente, era un tema reservado al ámbito de decisión, sin impacto social, no estaba en la agenda de medios de comunicación, ni dentro de los programas educativos. Era una especie de discusión “de nicho”.

Lo que vivimos ahora, especialmente desde 2018, es una masificación de la discusión a partir del debate por la despenalización en la Argentina. Desde entonces se banalizó la pregunta acerca del derecho a la vida y se hizo recurrente preguntar a cualquier persona si está a favor o en contra del aborto, con su (a mi entender enriquecedor) traslado del requerimiento a los postulantes a cargos electorales. Los flamantes candidatos provida o celestes, las bancadas provida y hasta los mandatarios de varios países que se autodenominan como tales o, que por el contrario, se refuerzan en un discurso verde pseudo progresista liberal nihilista cool (es el caso de Canadá, si hablamos de tierras lejanas) son manifestaciones de éste fenómeno nuevo.

VH: En sí, se transformó en un tema a tratar por toda la sociedad, y a la que muchos políticos, comunicadores, educadores y hasta líderes religiosos han debido posicionarse en función de sus aspiraciones dentro del sistema democrático.

ME: Después de tantos años se crearon las condiciones para que se consiguiera esa capilaridad en la sociedad que hace 50 años era imposible de imaginar. Que dejara de ser un tema de abogados y pasara al común de la gente. Hasta no hace mucho era impensado discutir en los términos en que lo hemos hecho estos últimos años acerca del derecho a la vida, y hoy parece casi evidente que existe el “derecho” al aborto. Y eso se logró por la planificada y determinada labor de los activistas proaborto, que instrumentalizaron los derechos humanos, vaciándolos de contenido, reformulándolos y utilizando todos los mecanismos del sistema democrático y de los ámbitos diversos de la sociedad civil para conseguir este “logro”.

Sin embargo y tratando de responder la segunda parte de tu pregunta, hay algo no previsto que emergió a partir del 2018, luego de que la discusión fuese amplificada hasta el paroxismo en toda la sociedad argentina, gracias a la labor del movimiento provida. En el debate del 2018 donde casi 700 personas pasaron por el Congreso nacional para emitir su opinión erudita al respecto, se pudo mostrar en tiempo record que era una disputa fake por un derecho. Que no existía conflicto entre el derecho de la mujer a la autonomía y el del niño por nacer a la vida; y que todo el aparato del activismo proaborto era un fenómeno hiper urbano muy fogoneado por las partes interesadas, especialmente los sponsors y que generaba repulsión en la sociedad en general. En la ciudadanía específicamente de sectores empobrecidos (teóricos beneficiarios de la ley) el índice de rechazo siempre estuvo en el 80%. A tal punto era inaceptable, que la sociedad argentina acostumbrada a salir a la calle a defender derechos económicos, al poco de iniciado el debate salió a manifestarse por el derecho a la vida. De manera masiva y con mucho rechazo a lo que se estaba imponiendo en el país.

Con escasos medios pero mucho coraje se trasladó al resto de América Latina el accionar celeste y esto fue novedoso, inesperado y todavía tiene mucho que dar a la sociedad.

Con esto trato de abarcar la segunda parte de tu pregunta. El 80% de los argentinos esta en contra de la ley de aborto, esta encuesta es de diciembre de 2020. El resto de América Latina no está lejos de ese porcentaje. La repuesta del movimiento provida en un país considerado desde hace mucho tiempo como “cosmopolita o liberal” es tal vez el principal elemento para demostrar que el pueblo latinoamericano es provida y profamilia. No solo por la cantidad de manifestantes o de acciones llevadas a cabo para la defensa de la vida, sino por la propia discusión que se instaló en el seno de la sociedad como una cuestión personal, donde cada respuesta contó para frenar en aquel año la aprobación de la ley. Con variedad de argumentos pero siempre seguros en lo esencial del derecho humano de todo ser humano a vivir, se levantó un polvareda inimaginable y una capacidad de frenar aquella ley.

La adhesión voluntaria de todo el movimiento provida latinoamericano que se mostró unido y fuerte por ejemplo con las dieciocho manifestaciones el mismo día en dieciocho países, a la misma hora, para entregar la Declaración latinoamericana ante la embajada de la Argentina deparramada en varios paises del mundo, fue más que una demostracion de solidaridad y demostró una identidad común que nos hermana.

Inclusive, pensandolo juntos -luego de la oleada de aprobaciones de protocolos y sentencias que se dieron desde ese año hasta hace unas semanas en varios países favoreciendo el aborto- sospecho que en esos países se optó por una metodología diferente para accionar la legalización del aborto, evitando el debate en la sociedad. La experiencia argentina debe haber mostrado que en realidad este rechazo es general en nuestro continente y posiblemente por ello las despenalizaciones a las que asistimos se dan casi a escondidas del ciudadano de a pie.

VH: El movimiento provida en Argentina fue un verdadero ejemplo para todos los demás países del continente. ¿Cómo hicieron para organizarse de esa manera? ¿qué recomendaciones le darías a una persona de a pie con motivación para construir un proyecto provida o participar de alguna manera en el movimiento?

ME: Lo ejemplar tal vez fue la capacidad de unirse en y con las diferencias que tenemos todos los que integramos este movimiento. La firme voluntad de trabajar mancomunadamente por un objetivo claro y la de evitar caer en disensiones, y todo esto en tiempo record en menos de 2 meses. Las diferentes organizaciones que trabajan desde hace años sumaron a los «recién llegados», a personas que llegaron con lo propio, con una idea para aportar y con voluntad de trabajo. Cada uno puso a disposición del conjunto desde sus contactos personales, recursos financieros; jornadas enteras para reunir firmas, escribir mails, presentarse a debates televisivos, apoyar legisladores, etc.

A la persona que desea trabajar por la causa de la vida le recomendaría formarse sólidamente (no es necesario ser abogado), tener fundamentos y querer aportar desde su originalidad personal. Buscar apoyar la causa, sumarse a grupos que le sean afines y trabajar cotidianamente sin desalentarse. Con tesón y a la vez en paz, somos un cuerpo muy grande y todos estamos aportando diariamente. Le pediría no dejarse ganar por el afán de protagonismo y dejarse enseñar por experiencias previas, sin por eso perder su mirada de las cosas y buscar nuevas respuestas en un escenario en permanente cambio. Y en general diría que luego de lo que se vivió en Argentina, les recomendaría no perder tiempo y enfocarse en la acción común que muestre fortaleza, con un mensaje claro y entendible a los oídos de una sociedad que como traté de desarrollar anteriormente, hace años está «trabajada» en pos de una visión positiva del aborto como «derecho».

VH: Una pregunta que suele surgir entre personas preocupadas por este tema, al menos en Chile, es por qué nos dividimos tanto, por qué hay tantas peleas de egos y afán de figurar. Uno ve que en Estados Unidos luchan codo a codo todas las organizaciones, poniendo su prestigio individual al servicio de una causa mayor, y algo parecido se veía también en el caso argentino. ¿Cómo lo hicieron? ¿Por qué crees que se hace tan difícil estar unidos en una misma lucha?

ME: Creo que no hay que perder nunca el objetivo de por qué haces esto. Si el resultado es la victoria o no, no lo sabremos hasta el final. Pero lo importante es esto: no perder el objetivo, saber por qué lo haces.

En mi caso, intento que lo siguiente sea mi criterio de discernimiento: ¿Realmente ayuda a construir un sistema provida? ¿colabora para que las mujeres en situación de vulnerabilidad extrema (que no siempre es económica) y en riesgo de aborto desistan de su intención? ¿Realmente esto ayuda a que el aborto no sea legal y por lo tanto masivo? ¿Colaboro con que se formen nuevas generaciones con la conciencia de su libertad de pensamiento y de expresión y por lo tanto de su derecho a la objeción de conciencia? ¿Apoya esto a los médicos y profesionales de salud que no quieren participar del aborto? ¿Colaboro en generar desde la agenda provida un sistema social más equitativo?

Si la respuesta es afirmativa, pues sigo y le doy para adelante. Porque al final si hacemos bien nuestro trabajo, quien se salva es una persona humana en gestación, una mujer y a la vez todo un sistema social. Porque una sociedad que decide descartar seres humanos, es una sociedad fracasada, no hay futuro en un conjunto que se desentiende del más vulnerable o que promueve su eliminación.

Por ultimo, a nivel grupal como movimiento, creo que haber encontrado un buen mensaje para comunicar hizo de alguna manera más simple unirnos, detrás del pañuelo celete, del lema (“salvemos las dos vidas”), del mensaje final de promover a la mujeres y no cancelarlas con la violencia del aborto, del discurso de no banalizar los derechos humanos ―específicamente el primero, que es el de la vida― evidenciando la falacia del sector verde. Un buen mensaje, una buena dosis de entusiasmo, pero esencialmente la conciencia de que el objetivo es el de evitar que se imponga esta agenda que instala una cultura que destruye la dignidad humana.

VH: ¿Crees que el movimiento provida tiene posibilidades de ser más transversal, alcanzando a ateos o grupos de izquierda, por ejemplo? ¿Qué piensas al respecto?

ME: En Argentina se han formado grupos muy inusuales, como los “LGBT por la vida”. Mira qué paradoja, varias personas de dicho colectivo entendieron que han masificado su reclamo y embolsaron el «derecho» al aborto como una bandera de su movimiento. Sin embargo, muchos no estaban de acuerdo y se organizaron alrededor del pañuelo celeste. También se manifiestan ateos en nuestras marchas.

Los grupos de izquierda en general apoyan este tipo de legislación, buscan el paradigma del «hombre nuevo», no veo tan fácil que puedan sumarse, pero nunca se sabe. La violencia del aborto como práctica en sí, como herramienta de control, de banalización de la vida, de aniquilación humana, es desgarradora. Si un honesto partidario de la izquierda repara en la gran injusticia que encierra el aborto puede que cambie su posición. Todo es posible.

VH: ¿Podrías comentarnos un poco de las bancadas políticas por la vida en distintos países de la región? ¿qué otras iniciativas destacarías para no bajar los brazos frente a la injusticia del aborto?

ME: La más paradigmática es la de Brasil, integrada por más de 200 legisladores, con tal espíritu de cuerpo que en años no escuchamos hablar del tratamiento de proyectos de ley de aborto en aquel país. Y sufren del activismo judicial atroz desde el Supremo Tribunal Federal, pero el cuerpo de legisladores ha logrado, junto con la sociedad civil, que no se discuta ese tipo de proyectos de ley. Tampoco ha sido fácil promover proyectos de ley provida en aquel país, esto también es un hecho. Es innegable que la cuestión provida es política, que donde hay voluntad de imponer el aborto (Argentina, Chile, México) se logran los acuerdos y estas leyes se aprobaron. Por eso no es menor hacerle seguimiento y acompañar a los legisladores, a los que son próximos a lo no tan próximos, y también a los opuestos, porque nuestro argumento es veraz y la realidad nos respalda.

Te sumaría el caso del Consenso de Ginebra por ejemplo, 36 países han acordado reforzar la política pública a favor de la dignidad humana en menos de dos años. Es una labor silenciosa pero que va logrando sembrar el camino para que la sociedad civil encuentre nuevos canales de diálogo con su representantes y para garantizar en foros internacionales la protección de dicho derecho.

Y por último, Guatemala ha demostrado que es posible proyectar a futuro desde el respeto a los derecho humanos y articular todo el campo educativo y de salud a tal fin.

VH: ¿Cuáles son los principales desafíos que ves para nuestra región en la defensa de la vida de los niños que están por nacer?

ME: Son muchos, pero veo imperiosa la formación en el derecho a la objeción de conciencia, que ha cobrado un protagonismo y vigor nunca antes visto. Hay muchos profesionales con serios problemas laborales a raíz de ésta legislación proaborto, como así también asociaciones y empresas de salud o educativas. Sin embargo aún falta derribar algunas barreras de tipo tabú. Lo cierto es que casi todas nuestras constituciones garantizan este derecho esencial, por lo tanto inalienable y que en lo países europeos es la gran barrera para la implantación plena del aborto y la eutanasia. Este tipo de concientización y capacitación es fundamental.

A la vez, robustecer nuestro trabajo como cuerpo orgánico de la sociedad civil, como movimiento. Asumir los espacio aunque sean reacios a aceptar nuestra participación, especialmente en foros internacionales. Y trabajar eficientemente, evitar caer en una especie de hiper activismo desgastante, evaluarnos y corregirnos para ser más asertivos.

Y comunicarnos mejor con el público general, que no esta dentro de la discusión pero a quienes lógicamente afectan este tipo de medidas proaborto o eutanasia. Entender «dónde está» el otro para poder hablarle y lograr que se involucre en la discusión ciudadana. Hablando de seres humanos que corren riesgo de ser descartados con la anuencia de la ley, emanada de un órgano donde descansa la soberanía que les delegamos a nuestros representantes. Nadie está afuera, pero nos ha costado mucho tiempo involucrar al que se siente externo. Ahí hay mucho trabajo para hacer aún y eso construye cultura y extiende nuestra labor en defensa de la vida y los derechos fundamentales.

VH: ¿Tienes esperanzas de que podamos revertir la marea verde y restaurar una Latinoamérica completamente celeste algún día?

ME: Si le preguntaba eso a un norteamericano hace 50 años atrás no se iba a imaginar nunca lo que estamos asistiendo hoy en su país, la posible caída del fallo funesto que habilitó el aborto allí. Lo que hacemos tiene final abierto, pero en el camino hay tan buena cosecha, tantas personas que han salido adelante gracias a la labor silenciosa de los provida. Tantos que han recibido buen testimonio de aquellos que desinteresadamente nos metemos a ser la voz de los que no tienen voz, todo eso es sembrar celeste, y seguramente se cosechará oportunamente. ¡La esperanza es lo que nos mueve a seguir siempre alegres en esta causa tan noble!

Por otro lado ya somos un continente que pide Vida, nos sentimos invadidos y colonizados por esta ideología anti humana, por lo tanto es un proceso de reidentificación con nuestra propia esencia, veo el futuro con buenos ojos, tenemos la experiencia de años y la voluntad de sumar al cambio, ¡con coraje y determinación lo veo muy probable!

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