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Políticas profamilia para imitar: desde Brasil para Latinoamérica

Angela Vidal Gandra da Silva Martins es una abogada brasileña, actualmente secretaria nacional de la Familia en el Ministerio de la Mujer, la Familia y los Derechos Humanos y profesora de la Universidade Presbiteriana Mackenzie. Es miembro de la Academia Brasileña de Filosofía y de la Academia Paulista de Letras Jurídicas.

Vicente Hargous: Angela, en primer lugar te agradezco tu disposición para que te entrevistemos.

Como sabes, Latinoamérica pasa por un momento difícil en la lucha de la defensa por la vida, la defensa de la familia y de la libertad religiosa. El caso de Bolsonaro en Brasil ha dado mucho de qué hablar en esta y otras materias ―incluso Bolsonaro habló de sus simpatizantes como “un verdadero ejército para la defensa de la familia”―, y ahora acaba de pasar a segunda vuelta con Lula. Dejando de lado otros aspectos polémicos de Jair Bolsonaro, ¿cómo ves este proceso de elecciones desde el punto de vista de los valores fundamentales?

Angela Gandra:  Estas elecciones son muy importantes para la familia: para este gobierno el tópico de la familia ha sido una política transversal. Nuestra Constitución sitúa a la familia como base de la sociedad: necesitamos que ella lo sea efectivamente. Muchas veces las políticas se quedan en “las nubes” y tienen poco contacto con la realidad; muchas veces gastamos demasiado tiempo en esas políticas y no en fortalecer la base, la familia. Este gobierno ha aplicado transversalmente políticas a favor de la protección, incentivo y defensa de la familia. Que sea una política pública  transversal quiere decir que cada política pública debe pensarse en vistas a fortalecer la familia. A la vez, buscamos implementar políticas públicas que directamente fortalezcan a la familia. Por ejemplo, hoy tenemos un decreto presidencial de 2020: la Estrategia Nacional de fortalecimiento de vínculos familiares, para que todos los ministerios trabajen conjuntamente a fin de fortalecer a la familia: familia en las escuelas, en la administración, etc.

A la vez, queremos una política de la familia que no sea asistencialista, no queremos ayudar a las familias desde afuera, sino entregarles alas. Dar a la familia las herramientas para auto estructurarse. Me refiero a familia con trabajo, condiciones adecuadas y con vínculos fortalecidos. Cuando fortaleces a la familia puedes combatir el comportamiento de riesgo, que es algo que gasta mucho dinero y esfuerzo del aparato público: drogas, alcohol, violencia doméstica, embarazo en la niñez. 

Creemos que este es el mejor camino, incluso para el desarrollo económico. La familia bien constituida trabaja mejor y garantiza una mejor educación a los hijos, se tiene mejor garantizada la proyección profesional de los hijos. 

Al mismo tiempo, las relaciones familiares repercuten en la sociedad, porque si tenemos familias bien constituidas hay más estabilidad social. Este gobierno ha priorizado fomentar familias bien establecidas, y esto se logra cuando el niño es amado, cuidado, respetado. Hacer entender esta dinámica no ha sido fácil. Estamos muy acostumbrados a darles a las personas lo que necesitan, pero no a dar libertad y responsabilidad.

Desde hace 4 años que estamos implementando nuestros programas. Esta ha sido una reforma silenciosa, pero muy eficaz. Algunas de las palabras clave durante la elección fueron familia y libertad… Familia primero, porque no es algo lejano, sino algo próximo y efectivo. 

En un comienzo parecía que estábamos estableciendo una pauta religiosa. Pero no era así, porque la familia está en la Constitución. A la vez, hemos mostrado el camino de desarrollo económico, la importancia de la familia para erradicar la pobreza. De este modo, cambias a una cultura que fortalece la libertad y la responsabilidad de las familias. 

Yo agradezco mucho al gobierno de Bolsonaro que haya dado libertad para avanzar en esta pauta, comprometidos con otros actores para cambiar la cultura, lo que es muy necesario hoy también para la educación. Habrá un impacto en las elecciones: son las familias las que eligen y creen en los valores del gobierno de Bolsonaro.

VH: ¿Podrías especificar un poco alguno de esos programas?

AG:  Por primera vez en Brasil tenemos una Secretaría Nacional de la Familia, con tres focos: el fortalecimiento de vínculos, el equilibrio trabajo-familia y los retos en el ámbito familiar. 

En primer lugar, para el fortalecimiento de vínculos hemos aplicado el programa “Familias Fuertes”, traído desde Oxford. Este programa consiste en siete encuentros con las familias brasileñas para que los padres reflexionen sobre las relaciones con sus hijos. Gracias a este programa ha disminuido la violencia intrafamiliar; ha mejorado en un 90%la diligencia de los padres en sus deberes parentales; ha disminuido en un 60% la negligencia de los padres. 

También hemos aplicado programas para involucrar a las empresas en el fortalecimiento de las familias mediante una mejor conciliación trabajo-familia. Al compás de la consigna “menos Brasilia, más Brasil”, nosotros decimos “más sociedad civil”. Es imposible cambiar la sociedad si las empresas no nos apoyan en esto. Por eso, hemos otorgado premios para las empresas Family friendly; hemos aplicado reglamentos para regular el Home office después de la pandemia, de modo que las mujeres puedan ejercer sus labores de madre al mismo tiempo que trabajan, a fin de lograr el equilibrio trabajo-familia. Queremos que la administración pública sea ejemplar en eso, que coopere para que los trabajadores tengan tiempo de calidad en casa con sus hijos. 

También, aplicamos un gran programa llamado Reconnect, que trata del impacto de la tecnología en la familia. De este modo, queremos trabajar la fragmentación del diálogo y el contenido que llega al corazón de los niños a través de las redes. Como fruto del programa, los padres han logrado estar más conscientes de lo que significa dejar un celular en manos de sus hijos. Y no solo respecto de los niños, sino que también han trabajado su propia adicción, pues muchas veces hemos notado que los padres son más adictos que los hijos y que son incapaces de dejar el celular para mirar o escuchar a sus hijos. 

Por último, tenemos el programa “Familia en la escuela”, que busca, a través de la legislación, que los padres estén junto a sus hijos en las escuelas, acompañándolos, ayudándolos, reforzando su aprendizaje, al tanto del contenido que reciben por parte del colegio, etc.

Paralelamente, hemos trabajado el tema de la adopción con el programa  “familia para todos”,  especialmente adopción tardía, de niños con deficiencia,  de hermanos e interracial. 

Otra cosa importante en paralelo que hemos hecho es la campaña “casar es legal”. “Legal” en Brasil significa cool. Cuando vas a casarte se hace un curso sobre lo que consiste casarse, educar, responsabilidad económica, etc, para que las personas tomen conciencia de su compromiso. 

También hemos creado conciencia del rol de la familia en el cuidado de la salud mental. Si hay cuidado en las familias se previenen muchas patologías. Hemos trabajado para que la familia pueda llegar antes y prevenir comportamientos suicidas. 

Estos son algunos de los trabajos que hemos hecho. Como ves, todos estos proyectos se llevan a cabo en conjunto con otros ministerios, como el de economía, de educación e incluso con el Ministerio de turismo (incentivar el turismo familiar para fortalecer los vínculos familiares).

Auxilio Brasil ayuda a las familias a salir de la pobreza. También otorgamos ayuda para quienes tienen hijos.

VH: ¿Qué piensas de los modelos de Hungría y Polonia en la promoción de la familia? ¿Tenemos algo que aprender de ellos en Latinoamérica?

AG: En la ONU tenemos la Partnership for Family, que empezamos con Polonia y Hungría. A la vez el Geneva Consensus Declaration, que son los países fundadores con nosotros, hoy Brasil tiene el secretariado.

Hungría es un ejemplo de políticas públicas familiares y tiene los medios económicos para serlo. En Brasil, en cambio estamos luchando por una reforma tributaria que favorezca a las familias, con un sistema como el que hay en Francia [1]. Pero hasta ahora no lo hemos logrado porque tenemos otras necesidades. Nosotros trabajamos a través del desarrollo económico y social teniendo en vista la felicidad de la persona, de un modo aristotélico: el gobernante debe preguntarse si las personas son felices. Gran parte del sufrimiento humano se ocasiona por el modo de vivir las relaciones familiares, el dolor de no ser amado. Nuestro foco es distinto del de Polonia y Hungría ―en parte, porque nosotros no trabajamos en demografía, aunque somos conscientes de la crisis demográfica y que los ciudadanos son lo más importante de la nación―, pero trabajamos muy cerca de Hungría y nos inspiran los mismos valores. Es maravilloso como allí han defendido la vida desde la concepción, la defensa de la familia, el apoyo a las madres… nos encantaría poder hacer todo eso, pero, por ahora, nos faltan recursos.

En Polonia lo mismo: me tocó estar allá hace dos años por el tema del aborto. Estamos juntos en políticas públicas pro familia, la defensa de la vida y, principalmente, estamos juntos en la Geneva Consensus Declaration. En este segundo aniversario esperamos abrir Geneva Consensus para los que quieran ser amigos: académicos, parlamentarios, entidades civiles, etc. Todos ellos deben compartir nuestros cuatro principios: la familia como base de la sociedad y el fortalecimiento de los vínculos familiares; la vida como el primer derecho incondicional; la proyección de la mujer (a diferencia de la promoción reduccionista de unos “derechos sexuales y reproductivos”); y, el cuarto, el rule of law (Estado de Derecho) de cada país, que tiene independencia de los demás respecto de sus propias leyes. No es un organismo internacional que impone una agenda en contra de la propia legislación. Es así como trabajamos junto a otros países. Me encantaría que Chile pronto pudiera unirse.

VH: ¿Cuáles son los principales desafíos que ves para nuestra región en la defensa de la familia? ¿Piensas que existe esperanza para frenar el impulso de la ideología de género?

AG: Hay mucho activismo. El sector progresista hace mucho lío, pero no es la mayoría. Las personas no quieren esto para sus hijos ni para las futuras generaciones, pero veo mucho activismo. Es una minoría comprometida. Todo eso es un utilitarismo cruel, es una manipulación del ser humano a través de una hipersexualización. Veo que muchas personas están hartas de esto. Pero como una minoría tiene el dinero, no tienen compromiso con la verdad, son activistas y trabajan en un conjunto de hipersexualización, narcotráfico, todo lo que deriva en ideologías y adoctrinamiento. Yo tengo mucha esperanza, porque veo que las personas no quieren eso. 

Esta pauta ideológica distorsiona la educación. Pienso que es preciso dar muy buena información. Espero que a pesar de que la pandemia haya estropeado mucho los planes de educación, se pueda volver a poner el foco en ella. Si una persona tiene su visión, que la tenga, pero imponer una perspectiva ideológica es falta de libertad. Esto nos preocupa y los padres no quieren esto para los hijos. De aquí que es importante que los padres sepan lo que pasa en las escuelas.

Veo el futuro con mucha esperanza si nos unimos ―los países, la sociedad civil, los académicos― en torno a un foco positivo en el desarrollo económico y social. Esto va a contrarrestar la fuerza de las ideologías, con propuestas buenas que sacarán a la gente de su esclavitud. La familia es una pauta muy positiva y muy real, todos quieren familia, todos quieren un lugar donde volver. La importancia del proyecto de los hijos es más importante que el placer sexual sin amor, es más positivo ¿quiénes quieren ser en su vida?. Trabajamos con propuestas positivas que pueden contrarrestar una minoría, pero que tienen dinero y los medios de comunicación a su disposición, pero que no es la realidad ni de Brasil ni de otros lugares. No tenemos que tener miedo a decir estas cosas, siempre con mucho respeto a la dignidad de cada persona, que tiene su visión, pero hay que hablar de la verdad, y no de cosas que no tienen fundamento en la realidad.

Solo tengo esperanza, creo que podemos dar un cambiazo.

VH: ¿Qué tanto influye en el votante medio brasileño este punto? ¿Existe realmente un voto conservador en Brasil, o el móvil es puramente material?

AG: Yo soy filósofa, y la filosofía es la ciencia del ser, no del no ser. Aborto es no ser, la vida es ser. Pienso que la fuerza de la naturaleza en el ser humano es muy fuerte, pero tenemos que nutrir a las personas para que éstas florezcan. Por ejemplo, en Brasil, por muchos años se ha hipersexualizado a los niños. La gran mayoría de los niños tienen un teléfono celular donde tienen acceso a todo tipo de contenido sexual. Necesitamos una propuesta positiva, debemos decir la verdad, pero no yendo al ataque y siempre con mucho respeto, pues yo no conozco la trayectoria de las personas. Pero yo veo cómo todas estas ideologías esclavizan y yo he dedicado muchos años a estudiar el tema de la libertad y la valoro tanto que no entiendo que las personas quieran vivir esclavizadas. Pero pienso que la fuerza de la naturaleza es muy fuerte y es positiva. Debemos buscar pautas que nos unan y nos lleven a crecer.

Termino contando una anécdota, que me contó una amiga que trabaja en el BID (Banco Interamericano de Desarrollo). En la tercera semana en el board terminaron discutiendo sobre aborto y el tema LGBT. Uno de los miembros dijo: “este es un banco de desarrollo económico… bueno, el gran problema hoy es el de la demografía: ¡no vamos a tener ciudadanos!”. Y se quedaron discutiendo sobre aborto y LGBT. Yo pienso que hay tantos problemas reales actuales de educación, pobreza… y nos quedamos discutiendo ideologías, en lugar de enfocarnos en problemas reales. Un problema real es la persecución religiosa en Nicaragua, la inmigración de venezolanos, la demografía. Pienso que tenemos que enfocarnos en esto, tratar de ayudar. Ahora, esto siempre sin imponer nuestras ideas a las personas que piensan distinto: tratándolas con cariño, tratando de entenderlas, pero siempre diciendo la verdad.

Notas

[1] «En Francia se agregan los ingresos por grupo familiar y se dividen por el número de miembros para definir la tasa que se aplicará a la base tributaria de cada individuo» en Eyzaguirre, J.I.; “Integrar la familia en el sistema tributario”, disponible en https://www.latercera.com/pulso/integrar-la-familia-sistema-tributario/?outputType=amp (N. del T.).

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