Dic Cabayo De Troya 1

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Los embates de la moda y la actualidad en la literatura infantil

A lo largo de la historia, la literatura ha sido utilizada al servicio de otros fines, muy diferentes a los que de suyo le pertenecen. La literatura ha servido como vehículo a ideologías de derechas y de izquierdas, como simple medio para dar a conocer un mensaje, una idea, un propósito externo y ajeno a ella. En definitiva, la literatura ha quedado a merced de manos que no veían en ella más que una utilidad, un fin práctico, ya fuera moralizador y pedagógico, ya fuera político e ideológico. Es, en realidad, algo común a todas las artes y ni escritores ni músicos, pintores, compositores, escultores… ni sus obras han salido indemnes de tal “servicio”.

 Si antes era la literatura a merced del nazismo o del leninismo (y los múltiples ismos del siglo XX), hoy es la literatura a merced del ecologismo, del feminismo y de la ideología de género.

Hoy sucede exactamente lo mismo, pero con el traje del mundo globalizado y sus discursos preponderantes, muchas veces presentados como verdad universal e indiscutida y no como diatribas que responden a diferentes ideologías o, al menos, a preocupaciones y debates todavía abiertos y propios del hombre actual. En cualquier caso, la literatura vuelve a quedar relegada a la condición de sierva, de mero medio de utilidad discursiva. Si antes era la literatura a merced del nazismo o del leninismo (y los múltiples ismos del siglo XX), hoy es la literatura a merced del ecologismo, del feminismo y de la ideología de género.

Esto que -mal que nos pese- siempre ha ocurrido y probablemente siempre ocurrirá, cobra particular relevancia cuando se trata de literatura dirigida a un público infantil. Al discutible uso de la literatura como vehículo de una determinada ideología (cuyo problema, entre otros más, reside en la merma de su calidad en razón de su utilidad) se le añade su lectura y promoción a partir de cortas edades.

En vez de literatura haciendo de literatura, nos encontramos con una esclava, maniatada y fácil que nos está diciendo cómo pensar y cómo actuar.

Hoy abundan publicaciones sobre el medio ambiente, sobre ecologismo y prácticas ecológicas, sobre mujeres que han marcado la historia y la lucha contra el “patriarcado”, la igualdad en dignidad de hombres y animales… pero me pregunto hasta qué punto estos libros –tanto en narrativa como en poesía– son realmente literatura. Libros a merced de la ideología de género, como es el bullado caso de Nicolás tiene dos papás o como el publicado por la prestigiosa editorial Fondo de Cultura Económica titulado Nosotras/Nosotros, ¿siguen siendo literatura?, ¿cuál es su mérito literario?, ¿cuál es su aporte creativo? El 2021, la editorial Alianza publicó Mi pequeño libro de activismo interseccional de la autora Titania McGrath, dirigido a “activistas de entre seis meses y seis años de edad” (¡!) que, se supone, contribuirá “a formar una nueva generación progresista con explicaciones sobre la identidad de género, el cambio climático, cómo discutir con criptofascistas…”. Una vez más, una literatura cautiva. En vez de ampliar horizontes, plantear nuevas preguntas y recordar antiguas; en vez de abrir un mundo interior al lector, invitándolo al ejercicio de no solo leer las páginas del libro que tiene entre sus manos, sino a leer también el mundo, leer al otro y leerse a sí mismo; en vez de literatura haciendo de literatura, nos encontramos con una esclava, maniatada y fácil que nos está diciendo cómo pensar y cómo actuar, lo cual, a su vez, acusa una valoración bastante pobre de su lector.

La literatura, como toda expresión artística y, por tanto, humana, enseñará, iluminará y, como vemos con los clásicos, permanecerá en el tiempo. La honestidad de la literatura residirá no en bastarse a sí misma, haciéndose indiferente a las dimensiones morales y políticas del hombre; la honestidad de la literatura residirá en tocar todos los ámbitos humanos, algo tan propio del arte, pero en cuanto literatura . Es decir, lo hará en tanto expresión humana del lenguaje, escrito o hablado, que pone de relieve la dimensión narrativa del ser humano y su necesidad de contar y escuchar historias. Sin duda alguna, toda obra literaria merecedora del nombre presentará, más explícitamente unas que otras, un sistema de principios, una mirada de mundo, una perspectiva determinada… El problema con las ideologías y los fines moralizantes es cuando estos se apropian de la literatura y pretenden pasar por tal, cuando estos no son los fines propios de una obra literaria. La literatura a merced de otras disciplinas u otros fines que olvidan su fin estético primario (la narración de una historia a través del lenguaje) en pos de x o y, acaba por ser un discurso más, pero alejado del arte literario.

Para otro momento queda discutir a fondo sobre la ideología de género o el ecologismo en estos y tantos otros libros. Nos preguntamos también si la literatura es fin o medio, si acaso le corresponde más un rol que otro. En cualquier caso, la inquietud queda formulada desde la perspectiva del lector deseoso de leer, verdaderamente leer.

María José Viveros Godoy

Editora de Cadena de Reloj 

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