junio 15, 2026• byDale Ahlquist
La sabiduría profética de G.K. Chesterton para un mundo roto y puesto al revés
Fue uno de los escritores más conocidos y queridos de comienzos del siglo XX, y sus escritos influyeron profundamente en una amplia variedad de figuras destacadas, desde Gandhi hasta Michael Collins, desde C.S. Lewis hasta Fulton Sheen y Agatha Christie. Era un hombre enorme, feliz y humilde, vestido con capa y sombrero blando, que, cuando una joven en las calles de Londres le dijo: «¡Todos parecen conocerlo, señor Chesterton!», respondió con un suspiro: «Si no me conocen, preguntan».
Pero hoy nadie parece saber quién es G.K. Chesterton, y ni siquiera lo preguntan. Debería enseñarse en nuestras escuelas, pero sus libros, poderosos y provocadores, son absolutamente ignorados.
Y, sin embargo, si la definición de un clásico es algo que se cita pero no se lee, entonces G.K. Chesterton ciertamente califica como clásico. A pesar del hecho de que ha sido olvidado, sus palabras son recordadas. Sus frases sabias e ingeniosas se ven por todas partes:
«El ideal cristiano no ha sido probado y hallado insuficiente; ha sido hallado difícil y dejado sin probar».
«Habrá más respeto por los derechos humanos, y no menos, si estos pueden ser tratados como derechos divinos».
«Un ciudadano difícilmente puede distinguir entre un impuesto y una multa, excepto que la multa es generalmente mucho menor».
«Si algo vale la pena hacerse, vale la pena hacerlo mal».
«Quiten lo sobrenatural, y lo que queda es lo antinatural».
«Los ángeles vuelan porque se toman a sí mismos a la ligera».
Gilbert Keith Chesterton murió hace 90 años, el 14 de junio de 1936. Nació el 29 de mayo de 1874. Fue uno de los escritores más prolíficos que haya vivido. Además del centenar de libros que escribió, la poesía, los relatos policiales —los misterios del padre Brown— y las novelas, escribió miles de ensayos para periódicos y revistas de Inglaterra y Estados Unidos. Hay aquí, sencillamente, demasiado material como para ser ignorado. Un gigante sólo puede permanecer oculto durante cierto tiempo. A pesar de su desaparición de los programas de estudio, poco a poco está siendo redescubierto fuera de la academia por una nueva generación. Lo que estos nuevos lectores están encontrando es algo que no esperaban: un escritor que parece escribir más para nuestro tiempo que para el suyo.
Hay una cualidad inconscientemente profética en la escritura de Chesterton. Señaló todas las cosas de nuestro mundo que atacan tanto a la familia como a la fe. Advirtió sobre los peligros tanto de un Estado grande como de las grandes corporaciones, que privarían a la familia de sus derechos, su independencia y su integridad. La esclavitud salarial arranca del hogar tanto a los padres como a las madres. La educación pública y las guarderías arrancan a los niños del hogar. No son criados por sus padres, sino por una extraña colusión de empresas públicas y privadas. Chesterton dijo que el efecto evidente del divorcio frívolo sería el matrimonio frívolo. Advirtió que la próxima gran herejía sería un ataque contra la moral, especialmente contra la moral sexual. Predijo que la aceptación de los anticonceptivos llevaría a la aceptación del aborto y luego del infanticidio. Decía que la educación pública fracasaría porque, si se vacía la educación de religión, los estudiantes quedarán sólo medio educados y, en efecto, serán literalmente medio tontos. Y debido al fracaso de las escuelas públicas, dijo que los niños serían sometidos constantemente a nuevos experimentos educativos, controlados por unos pocos, sin rendir cuentas a nadie, especialmente a los padres, y que el estudiante sería continuamente enseñado por nuevas filosofías educativas «más jóvenes que él». Dijo que el mayor problema sería la «estandarización según un estándar bajo».
Chesterton predijo con precisión acontecimientos monumentales como el auge y la caída del comunismo soviético, el estallido de la violencia contra los judíos en Europa, el comienzo de la Segunda Guerra Mundial en la frontera polaca y el creciente dominio de los medios de comunicación, la industria del entretenimiento e incluso los deportes profesionales.
Cuando un escritor acierta tantas cosas de manera tan asombrosa, quizá valga la pena darle una nueva mirada. Ha demostrado ser digno de confianza.
Chesterton tenía una asombrosa capacidad para ver el cuadro completo. Decía que, en una sociedad rota, ocurren dos cosas: los vicios se desatan y causan un gran daño, pero también las virtudes se desatan y quizá causan un daño aún mayor, «porque están aisladas unas de otras y vagan solas». Así, habrá quienes se preocupen sólo de la verdad y otros que se preocupen sólo de la compasión. Pero los de un lado tienen «una verdad despiadada», y los del otro, «una compasión falsa». Es difícil imaginar un análisis más conciso de la dicotomía entre conservadores y liberales. Los conservadores, al insistir en la doctrina y la teología correctas, han descuidado muchas veces la compasión y la justicia social, lo que desmiente su propia teología. Los liberales han hecho exactamente lo contrario: al enfatizar la justicia social sin la teología correcta, terminan defendiendo injusticias en vez de derechos.
La verdad y el amor siempre deben ir de la mano, del mismo modo que los dos grandes mandamientos deben ser siempre recordados juntos: debemos amar a Dios con todo nuestro ser, y amar al prójimo como a nosotros mismos.
Vivimos en una sociedad rota. Todo está roto y al revés. Nuestros valores están desordenados. Toda esta ruptura puede rastrearse hasta la ruptura de estos dos mandamientos. Chesterton dijo: «Cuando rompes las grandes leyes, no obtienes libertad; ni siquiera obtienes anarquía. Obtienes las pequeñas leyes».
Chesterton intentaba reparar nuestra sociedad rota. Apuntó a la falacia del culto al «progreso»: la idea de que basta con avanzar, aun cuando no sepamos hacia dónde vamos. No podemos tener progreso a menos que hayamos definido nuestra meta, y sólo entonces podremos determinar si nos acercamos o alejamos de ella. Si nos salimos del camino, aunque sea ligeramente, nos alejaremos cada vez más de nuestra meta mientras sigamos avanzando por el camino equivocado. Eso no es progreso. En cambio, necesitamos dar la vuelta y retroceder para volver al punto en que nos equivocamos. Chesterton intentaba siempre hacernos volver a los primeros principios, a comenzar bien en vez de seguir mal. Chesterton era un «original», en el sentido de que intentaba hacernos pensar en los orígenes de las cosas. Definió la cultura como «el sano crecimiento de las ideas a partir de su propia semilla original; y si eso no te gusta, no te gusta la civilización. Además, a ella tampoco le gustas tú».
A veces la gente me dice: «Necesitamos otro Chesterton». Pero no es así. El que tenemos es más que suficiente. Sus palabras están fácilmente disponibles para nosotros. Son tan oportunas como siempre. Él no se ha ido. El único problema es que lo hemos ignorado, para nuestro propio perjuicio.
Presidente y cofundador de la American Chesterton Society
y editor de su revista, Gilbert.
C.S. Lewis Chesterton conservadurismo cristianismo Derechos Humanos distributismo educación familia fe y cultura Fulton Sheen G.K. Chesterton Gilbert Keith Chesterton liberalismo primeros principios progreso sociedad moderna sociedad rota verdad y amor
Last modified: junio 15, 2026




