Una lectura reposada de la poeta chilena
Este 2025 se cumplen ochenta años de que la Academia Sueca premió a la chilena Gabriela Mistral. Son ochenta años de que se hace visible que, como país, a Chile le ha costado ver y reconocer la figura de la poeta de Vicuña, de la maestra de Los Andes, Antofagasta y Punta Arenas, de la intelectual latinoamericana, de la recadera, la orante y la viajera. ¿Quién es Gabriela Mistral? ¿Para quién es?
Un concepto que nos puede ayudar a pensar sobre esto es el de espejo y ventana, acuñados por Rudine Sims Bishop. Estos conceptos fueron pensados para entender el rol de la literatura en la vida de las personas; y así, esta es ventana cuando podemos ver a través de ella otra vida o historia que se nos ofrece como una novedad, y es espejo cuando el lector se ve reflejado, cuando su propia experiencia empatiza, se ilumina y enriquece a través de ese texto. El ejercicio a continuación consistirá en trasladar los conceptos recién mencionados a la figura de esta mujer que no se deja aprehender tan fácilmente.
Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga o Gabriela Mistral es una mujer chilena nacida el 7 de abril de 1889 en Vicuña. Siguiendo los pasos de su papá y hermana se dedica a la enseñanza en diversos lugares del país, hasta ser llamada por el gobierno de México para liderar una reforma educacional con José Vasconcelos. Educación para la mujer y obreros, escuelas al aire libre y un cuidado sentir hacia la infancia eran pilares de su novedad y búsqueda. Su salida de Chile fue definitiva; de México salta hacia distintos destinos, combinando su trabajo en los consulados de Chile con otro periodístico para poder tener el dinero suficiente para mantenerse y apoyar a su mamá y hermana en Chile. Brasil, Italia, España, Estado Unidos, México fueron algunas de sus residencias hasta su muerte en un hospital de Nueva York. Todo este recorrido siempre acompañado o sostenido por su creación poética que se encuentra principalmente en “Desolación”, “Ternura”, “Tala”, “Lagar” y “Poema de Chile”.
Gabriela Mistral volvió contadas veces a Chile, fueron viajes puntuales y breves porque nunca sintió que hubiera acogida y comprensión de sus pares a su modo de pensar y vivir. Es recién en este último tiempo que su lectura se ha profundizado y sus interpretaciones, diversificado, construyendo una imagen colosal de esta mujer que hoy buscan relevar desde el Estado de Chile hasta diversas agrupaciones nacionales con distintos fines y líneas de pensamiento.
Gabriela Mistral escribe: “He escrito como quien habla en la soledad. Porque he vivido sola en todas partes”. (Mistral, p. 23-4, Vivir y escribir. Prosas autobiográficas). Estas palabras evidencian que la escritura es su legado, es su forma de aparecer en el espacio público y privado. ¿Cómo se escribe como quien habla en la soledad? En esta frase encontramos un posible marco del gran espejo en el que Mistral se ha convertido en medio nuestro. De esa soledad se desprenden anhelos y turbaciones, gritos y canciones de cuna, rondas y discursos, muchas cartas y muchos recados, tantos, que todavía se siguen editando libros con sus textos. Traer las motivaciones de todos estos mensajes a nuestro presente es el juego en el que se debaten diversas posturas de pensamiento que hoy los enuncian en sus post de Instagram o X. Con todo, se suele pasar por alto que la poeta usó la escritura como el vehículo de una conversación sin límite, incluso contradictorio a ratos. Y es que la voz en soledad genera ecos que en su traslado y rebote, se transforman.
Educación para la mujer y obreros, escuelas al aire libre y un cuidado sentir hacia la infancia eran pilares de su novedad y búsqueda.
Sin embargo y sin ánimo de interpretación cabal, hay algunas líneas que nos pueden ayudar a ver a la escritora sentada en su sillón escribiendo sobre su tabla o regando su jardín con sentido profundo. “Me sustento de ti, hermosura del mundo, en la mañana/ y en el medio día. Y el verso que calienta el pecho./ ¿Cómo vivirán los que no beben hermosura?” ( Mistral, p. 142, Toda culpa es un misterio). Mistral invoca a la hermosura del mundo para sostener su día. Beber hermosura como un cáliz divino que orienta el sentido del vivir. Incluso con liviandad y cierta alegría que ella mostraba menos que su dolor o rudeza.
“La poesía es sencillamente un rezago, un sedimento de la infancia sumergida. Aunque resulte amarga y dura, la poesía que hago me lava de los polvos del mundo y hasta de no sé qué vileza esencial parecida a los que llamamos el pecado original, que llevo conmigo y que llevo con aflicción.” (Mistral, p. 196, Vivir y escribir. Prosas autobiográficas). Estas líneas nos ponen frente a una escritura que busca desentrañar la pregunta más original, propia, íntima de la autora. Entonces no es solo comunicación con otro, sino que la poesía es también la entrada al mundo personal, la memoria y el espíritu.
Sin ánimo de interpretación cabal, hay algunas líneas que nos pueden ayudar a ver a la escritora sentada en su sillón escribiendo sobre su tabla o regando su jardín con sentido profundo.
Y es en la misma palabra poética donde también se agolpan los límites, se tropieza y se ahoga la voz “Yo tengo una palabra en la garganta/ y no la suelto, y no me libro de ella/ aunque me empuja su empellón de sangre.” (Mistral, Lagar). Estos últimos versos nos ubican frente a una voz que no logra decir, una palabra que no puede aparecer, entonces de inmediato surge la pregunta por lo escondido, por lo que se censura y reprime y los motivos de esto.
Mientras el verso aparece en primera instancia como el soporte de la hermosura que da sentido a su existencia, también se manifiesta como una fuerza que coacciona la voz, que no la deja salir a pesar de su fuerza esencial. Se observa en definitiva que Gabriela Mistral se nos ofrece como una figura que habla y calla, que muestra y esconde. Entonces, retomando la idea del espejo y la ventana, la autora se nos muestra con amplitud para que podamos encontrar nuestra mirada en el reflejo de su escritura.
Primera latinoamericana y quinta mujer en ganar el Premio Nobel de Literatura, nacida en Vicuña, incomprendida, juzgada y alabada ¿Quién no querría sentarse al frente de ella para coincidir vitalmente? ¿Quién no querría asentir con la mirada y conectar en complicidad con su dolor, su poesía y su reflexión? Desde los pañuelos morados hasta los hábitos franciscanos, niñas en ronda y locas mujeres, todos buscan un espacio, un pliegue, un verso desde donde poder decir que caminamos de su mano, de la mano de la poeta, la madre o la maestra de Chile.
Last modified: diciembre 18, 2025





