A 800 años de su muerte
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A 800 años de su muerte
El 3 de octubre de 1226, en la Porciúncula, moría san Francisco de Asís, después de haber llamado hermana incluso a la muerte corporal. Han pasado ocho siglos y, sin embargo, pocas figuras de la cristiandad permanecen tan vivas en el imaginario de nuestro tiempo. En Revista Suroeste queremos conmemorar este octavo centenario con una edición especial que nos permita volver sobre su figura, su espiritualidad y la fecundidad de su legado.
San Francisco nos resulta extrañamente cercano: su nombre sigue evocando inmediatamente la pobreza, la paz, la fraternidad, el amor por la creación y la sencillez. Pero esa misma familiaridad puede esconder un peligro: que creamos conocerlo demasiado bien. La fuerza de algunas imágenes asociadas a su figura puede hacernos olvidar aquello que les daba unidad y sentido. San Francisco lo expresó con sencillez al comienzo de su Regla: «La regla y vida de los Hermanos Menores es ésta: guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo» (Regla bulada, I, 1). Antes que un amante de la naturaleza, un apóstol de la paz o un hermano de los pobres, san Francisco quiso una sola cosa: conformar enteramente su vida con Cristo.
San Francisco dejó pocos escritos en comparación con la inmensidad de su influencia. Su gran obra fue, en cierto sentido, su propia vida: hizo de su existencia una forma concreta de imitación de Cristo y, al hacerlo, abrió un camino que innumerables hombres y mujeres recorrerían después de él. La tradición franciscana resumiría esta realidad diciendo que «en todos los hechos de su vida, fue conforme a Cristo bendito» (Florecillas de San Francisco, I). En él parece adquirir una concreción especialmente luminosa la afirmación de san Pablo: «y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gal 2,20). León XIII describió precisamente su misión como la de «llevar nuevamente a la imitación de Cristo» (Auspicato concessum, n. 10). He ahí el centro desde el cual hay que mirar a san Francisco.
Y es que la enorme popularidad del santo de Asís ha traído consigo también el riesgo de domesticarlo. Tendemos a vestir a los santos a nuestra propia imagen, rescatando de ellos aquello que coincide con nuestras sensibilidades y dejando en penumbra aquello que resulta extraño o incómodo. Tomar a san Francisco solo por aquello que resulta atractivo a la sensibilidad moderna equivale, como dice Chesterton, a intentar «contar la historia de un santo sin Dios» (San Francisco de Asís, cap. I). Por eso, con ocasión de este aniversario, vale la pena hacer el esfuerzo de «recuperar la verdadera fisonomía de Francisco» (Sacra propediem, n. 3) y de «rechazar aquella figura puramente imaginaria del santo» (Rite expiatis, n. 1) que aparece cada vez que intentamos acomodarlo a las categorías de nuestra época.
El Francisco austero, penitente y profundamente medieval corre fácilmente el riesgo de quedar escondido detrás de una figura simplemente amable, que se ha convertido en nuestro tiempo en emblema del ecologismo, del pacifismo, del reformismo social o de una espiritualidad espontánea y alejada de las instituciones. El problema de estas interpretaciones aparece cuando algunos rasgos verdaderos de su vida se arrancan del suelo que los alimentaba.
A partir de esta clave de lectura, en Revista Suroeste hemos escogido autores y temas que nos permitan volver a san Francisco desde aquello que dio unidad a toda su vida: su deseo de conformarse enteramente con Cristo. Es a partir de ahí que queremos preguntarnos por la fecundidad de su legado para nuestro tiempo. Los ensayos de esta edición especial se detienen en algunos de los rasgos centrales de su modo de vivir —su imitación de Cristo, la liturgia, la amistad, la pobreza y el impulso misionero—, junto con aquello en lo que san Francisco, con su vida, puede iluminarnos a la hora de educar. Al mismo tiempo, queremos mostrar la extraordinaria fecundidad de su figura a través de quienes, muchos siglos después, encontraron en él un maestro y un ejemplo de vida: G. K. Chesterton, Gabriela Mistral y fray Francisco Valdés Subercaseaux. Más que ofrecer una suma de aproximaciones independientes, este especial busca proponer una manera de volver a san Francisco en su genuina fisonomía, para que pueda seguir hablando al mundo contemporáneo.
Revista Suroeste
I. San Francisco de Asís: una introducción
G. K. Chesterton y san Francisco de Asís
Joseph Pearce
Revista Suroeste publica en esta edición especial una traducción de la introducción de Joseph Pearce a St. Thomas Aquinas and St. Francis of Assisi, de G. K. Chesterton, publicada originalmente por Ignatius Press. En este texto, Pearce recorre la larga amistad espiritual de Chesterton con san Francisco de Asís, desde su infancia hasta su conversión al catolicismo. Frente al cinismo y la oscuridad que marcaron parte de su juventud, Chesterton encontró en Francisco una figura de alegría, inocencia, humildad y gratitud. Pearce muestra cómo el santo acompañó su camino intelectual y religioso hasta convertirse en una presencia central de su imaginación cristiana. Al intentar comprender al Poverello, Chesterton terminó expresando también algunas de las intuiciones más características de su propia visión del mundo.
II. La creación como poema
Sobre la impronta franciscana en Gabriela Mistral
Rosario Corvalán Azpiazu
El Pobre de Asís atravesó profundamente la vida y obra de Gabriela Mistral. A través de los Motivos de San Francisco, el Poema de Chile y otros escritos, Rosario Corvalán muestra cómo la poeta encontró en el santo una forma de mirar el mundo: la creación como signo de Dios, la belleza como camino hacia la verdad y el servicio como vocación de toda criatura. La impronta franciscana aparece así no como una influencia literaria ocasional, sino como una clave para comprender la unión mistraliana entre poesía, fe y vida.
III. Tenemos un nuevo San Francisco en Chile
El hermano capuchino Fray Francisco Valdés Subercaseaux
María de los Ángeles Puelma Salas
La vida de fray Francisco Valdés Subercaseaux —misionero capuchino, párroco de Pucón y primer obispo de Osorno— permite descubrir una singular prolongación del carisma franciscano en Chile. María de los Ángeles Puelma recorre su pobreza, humildad, vida de oración, labor misionera en la Araucanía y compromiso con la paz entre Chile y Argentina como distintas expresiones de un mismo ideal. El ensayo presenta así a Valdés como testimonio de la fecundidad permanente del carisma de Asís: ocho siglos después, el pax et bonum podía todavía encarnarse en la historia de Chile.
IV. Por la senda de la virtud
La amistad de Francisco y Clara
Rosario Izquierdo
La amistad espiritual entre san Francisco y santa Clara es examinada a la luz de santo Tomás de Aquino y santa Teresa de Jesús. Más que una relación fundada en la mera afinidad afectiva, Rosario Izquierdo la presenta como una amistad nacida de un bien compartido: la entrega radical a Dios y el ideal de pobreza evangélica. Los distintos episodios de sus vidas muestran una relación hecha de confianza, ayuda mutua y orientación hacia la virtud, capaz de conducir a ambos no a encerrarse el uno en el otro, sino a mirar juntos hacia Dios.
V. La vida cristiforme de san Francisco de Asís
Mirar al santo para contemplar a Cristo
Domingo Ibarra Infante
¿Qué significa decir que san Francisco fue uno de los hombres que más se pareció a Cristo? Domingo Ibarra parte de esa pregunta para recorrer el núcleo más profundo de la vocación del santo de Asís: su deseo de conformar enteramente su vida con Jesús. A la luz de Rite expiatis, el autor se detiene en algunos episodios especialmente elocuentes —su vida de oración y penitencia, el ayuno en la Isola Maggiore y la recepción de los estigmas en el monte Alvernia— para mostrar cómo la existencia de san Francisco fue adquiriendo, cada vez más, la forma de Cristo. El ensayo invita así a mirar al santo no para detenerse en él, sino para descubrir, a través suyo, el rostro de Aquel a quien quiso imitar hasta el final.
VI. Ni la voz sin el alma, ni el alma sin Dios
Espiritualidad litúrgica franciscana ante las catequesis de León XIV sobre la Sacrosanctum Concilium
Fr. Cristián Eichin Molina, OFM
La espiritualidad litúrgica de san Francisco entra aquí en diálogo con las recientes catequesis de León XIV sobre la Sacrosanctum Concilium. A partir de la fórmula franciscana vox concordet menti, mens vero concordet cum Deo («que la voz concuerde con la mente, y la mente a su vez con Dios»), Fr. Cristián Eichin muestra cómo Francisco supo unir fidelidad al rito, participación interior y orientación a Dios. Frente a una comprensión meramente exterior de la liturgia y a la espontaneidad que la convierte en expresión individual, aparece un Francisco profundamente eclesial, que rezaba con todo el cuerpo y entendía la forma litúrgica como cauce vivo de la fe.
VII. San Francisco y la educación
Una pedagogía de la vida contemplativa desde el punto de vista de la novedad cristiana
Pedro del Río
¿Qué puede enseñar san Francisco a la educación contemporánea? Frente a una formación excesivamente académica, abstracta y muchas veces alejada de la experiencia directa de las cosas, Pedro del Río encuentra en el santo una forma distinta de conocimiento, nacida del asombro, del trabajo, de la atención y del amor por la realidad. El Cántico de las criaturas aparece así como expresión de una vida poética accesible a todos. El ensayo invita a pensar una educación capaz de reconciliar inteligencia y manos, contemplación y oficio, conocimiento y experiencia.
VIII. La Cruz ante la medialuna
San Francisco y la evangelización de los musulmanes
Tomás Hameau Davanzo
El encuentro de san Francisco con el sultán al-Kamil en plena Quinta Cruzada fue la expresión más célebre de un deseo que lo acompañó durante años: llevar el Evangelio a los musulmanes. Tomás Hameau Davanzo reconstruye ese impulso misionero desde los intentos frustrados de viajar a Siria y Marruecos hasta las indicaciones que Francisco dejó a los frailes llamados a vivir entre los sarracenos. El ensayo muestra así una forma de apostolado capaz de unir claridad en la fe, mansedumbre y respeto por la libertad del otro: anunciar a Cristo sin imponerlo, sin diluir las diferencias religiosas y confiando en que la conversión pertenece, en último término, a Dios.
IX. Los dos mendigos
El amor a la pobreza se revela en la Cruz
Álvaro Ferrer del Valle
San Francisco quiso hacer de la pobreza su esposa. A partir de la imagen del desposorio con la Dama Pobreza —inmortalizada por Dante—, Álvaro Ferrer del Valle, editor de Revista Suroeste, pone en diálogo al santo de Asís con otro gran mendigo cristiano, Léon Bloy, separado de él por casi siete siglos. Ambos comprendieron la pobreza como algo mucho más radical que la simple carencia de bienes, aunque la vivieron y expresaron de modos muy distintos: Francisco desde la gratitud y la alegría; Bloy desde la denuncia profética y la provocación. El ensayo muestra así que la pobreza cristiana solo alcanza su verdadero sentido desde Cristo.
Editorial
Filosofía y Teología, Especiales
TAGS: Especial San Francisco de Asís, San Francisco de Asís, cristianismo, Cristo, santidad
Last modified: 2 de octubre de 2026





